¿Están los príncipes de la Torre de Londres enterrados en Westminster?

Una urna en la zona de la abadía de Westminster en la que reposan diversos miembros de la realeza inglesa está reservada al rey Eduardo V y su hermano Ricardo, duque de York. Hasta aquí, nada anormal: dos personas de la familia real enterrados entre tantos familiares y compañeros.

La cuestión empieza a ser más sorprendente cuando se lee la leyenda que reza en la lápida en la que reposan:

Aquí yacen los restos de Eduardo V, rey de Inglaterra y de Ricardo, duque de York. Estos hermanos fueron confinados en la Torre de Londres y allí fueron asfixiados con cojines y enterrados sin ninguna ceremonia por orden de su pérfido tío Ricardo III el Usurpador. Sus huesos, largamente buscados y anhelados, fueron encontrados e identificados sin lugar a dudas, el 17 de julio de 1674, 191 años después, en los escombros de las escaleras (que posteriormente conducirían a la Torre Blanca) profundamente enterrados en ese lugar. El muy compasivo príncipe Carlos II, lamentando su trágico destino, dispuso que los desafortunados príncipes descansaran entre los monumentos de sus predecesores en 1678, en el trigésimo año de su reinado. 

Y el asunto se convierte en más enigmático si, tras leer la leyenda transcrita, uno cae en la cuenta de que la lápida está dedicada a los conocidos como Príncipes de la Torre de Londres cuya suerte sigue siendo hoy uno de los mayores misterios de la historia de Inglaterra. ¿Cómo es posible que quinientos años después siga provocando una encendida polémica lo que sucedió con dos príncipes que aparentemente están enterrados desde hace más de trescientos años en la abadía de Westminster?

Para dar respuesta a esta pregunta es preciso, en primer lugar, recordar a qué se refiere el conocido como misterio de los Príncipes de la Torre de Londres y, en segundo lugar, desentrañar lo ocurrido en el año 1674 para determinar si los restos entonces encontrados son o no los de los dos muchachos.

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Los Príncipes de la Torre de Londres

En relación con el primer aspecto, aunque la entrada enlazada narra el asunto con todo detalle, podemos recordar aquí que Eduardo y Ricardo eran hijos del rey Eduardo IV. Tras el fallecimiento de este en 1483, cuando el joven Eduardo V se dirigía a Londres para ser coronado, fue interceptado por su tío Ricardo de Gloucester, que instaló al muchacho en la Torre de Londres (residencia real y no prisión en la época). Poco después se le unió su hermano pequeño Ricardo, mientras su tío conseguía que el Parlamento declarase a ambos muchachos ilegítimos y que le nombrase a él rey de Inglaterra, Subió al trono con el nombre de Ricardo III. Poco después, los príncipes desaparecían sin dejar rastro. Durante siglos, debido sobre todo a las obras de Shakespeare y Tomás Moro, Ricardo III fue unánimemente considerado responsable de la muerte y desaparición de sus sobrinos. Pero en los últimos tiempos han surgido diversos movimientos que reivindican la figura del vilipendiado rey y tratan de exculparle de la muerte de los príncipes.

En cuanto a la pregunta de si los restos encontrados en la Torre en 1674 son los de los dos jóvenes, para darle respuesta es necesario narrar cómo se produjo tal descubrimiento. Diversas fuentes de la época se refieren a este singular acontecimiento.

Un funcionario de la Torre, de nombre John Gibbon, relata que el 17 de julio de 1674 fueron descubiertos los restos de Eduardo V y su hermano y que él mismo manipuló el cráneo del rey y otro más pequeño. Por su parte, el Cirujano Principal del rey Carlos II, John Knight escribió: «Mientras se excavaban dos escaleras de piedra en la Torre Blanca que conducen desde los aposentos del rey hasta la capilla fueron encontrados los cuerpos de dos muchachos en lo que parecía un cofre de madera,  asumiéndose que contenía los huesos del rey Eduardo y su hermano Ricardo, duque de York. Por orden del rey Carlos II fueron colocados en una urna de mármol y depositados entre la familia real junto a los de Enrique VII en Westminter.

Otro relato, anónimo, cita a Knight como su fuente, reitera lo dicho por este y añade que los huesos parecían proporcionales a los de la edad de los príncipes (trece y once años). El cráneo de uno de ellos estaba intacto y el otro roto, como lo estaban muchos de los demás huesos y el propio cofre, por la violencia de los trabajadores, que manipularon los escombros y los huesos indiscriminadamente.

Una última fuente, también anónima y sin fecha, sostiene haber presenciado el descubrimiento de los huesos de los príncipes «criminalmente asesinados por Ricardo III» y señala que se trataba de huesos pequeños de niños en su adolescencia, mezclados con trozos de harapos y de terciopelo. Concluye que al ser totalmente identificados con los restos de los príncipes, fueron cuidadosamente apartados en un recipiente de piedra.

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Carlos II de Inglaterra

De los relatos transcritos se deduce que, a pesar de que el descubrimiento de los huesos de lo que aparentemente eran dos muchachos debió ser todo un acontecimiento que levantó interés, al principio fueron arrojados a los escombros y solo después fueron recuperados, por lo que muchos de los huesos pudieron haberse perdido o resultar destrozados.

La propia descripción de la forma en que los huesos fueron descubiertos pone al menos en cuarentena que se tratara «indubitadamente» de los restos de los príncipes. Pero hay otros elementos que tampoco ayudan a dar credibilidad a la historia. Por ejemplo, dos relatos cercanos en el tiempo a la desparición de los muchachos, el de Tomás Moro y el de John Rastell narran cómo los restos de los príncipes fueron sacados de la Torre después de muertos y enterrados en otro lugar o arrojados al Canal de la Mancha. Otras fuentes apuntan a que los príncipes fueron liberados en secreto y sobrevivieron, lo que, a más de confirmar que no serían sus restos los que están en Westminster, añadiría más picante a su enigma… pero esa es otra historia.

Por otro lado, no podemos aislar el hallazgo de los huesos del momento político en que se produjo. En 1674 reinaba en Inglaterra Carlos II, en quien se había restaurado la monarquía tras el período de «republicanismo» constituido por el protectorado de Oliver Cromwell. Para el monarca reinante, que estaba pasando dificultades en sus relaciones con el Parlamento, era propagandísticamente importante recordar el destino que esperaba a los usurpadores (Ricardo III y Cromwell) que asesinaban a los legítimos reyes (Eduardo V el primero y el propio padre del rey, Carlos I, el segundo). El mensaje para los miembros del Parlamento era que se lo pensasen dos veces antes de oponerse al legítimo monarca, en este caso a Carlos II.

No era la primera vez que aparecían huesos en la Torre de Londres, ni que alguien insinuaba que se trataba de los príncipes, pero parece que en este caso al rey Carlos II le interesaba enormemente que se hiciese público que los restos encontrados en 1674 eran los de los dos jóvenes, y ello a pesar de que no existía evidencia alguna que así lo acreditase.

Quizás queriendo resolver definitivamente el enigma, en el año 1933 se procedió a desenterrar los huesos para tratar de proceder a su identificación. Se encargó el estudio al eminente profesor William Wright, asistido de Lawrence Tanner quien, a diferencia de las impresionantes credenciales del profesor, carecía de cualquier cualificación para la tarea encomendada. Entre los restos que contenía la urna se encontraron escombros y huesos de animales, pero también identificaron dos esqueletos humanos incompletos. Es posible que algunos de los restos humanos desaparecieran o fueran robados como reliquias y sustituidos por huesos de animales, pero en todo caso Wright y Tanner concluyeron que se trataba de los restos de los Príncipes de la Torre de Londres y los devolvieron a su urna.

Pero en 1955 se encargó otro estudio a un equipo de antropólogos y ortodoncistas. Aunque el equipo no tuvo acceso a los restos sino solo a los datos y anotaciones de Wright, con ello les fue suficiente para establecer que no solo no se había podido demostrar la edad de los fallecidos, sino que ni siquiera se había realizado un intento serio para determinar su sexo. Pusieron de manifiesto otras deficiencias en el estudio de 1933 y concluyeron que del mismo no se podía ni afirmar ni descartar que se tratara de los príncipes.

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Lugar en el que fueron encontrados los restos de Ricardo III

 

En los últimos años, mientras muchas voces claman pidiendo que se vuelvan a desenterrar los restos para realizar un estudio con los más modernos métodos (incluyendo un examen de ADN) se ha dado la circunstancia de que un estudio científico serio y multidisciplinar condujo al descubrimiento de otros restos que estaban perdidos desde más o menos la misma época y pertenencientes a alguien muy relacionado con los príncipes: su supuesto asesino Ricardo III, cuyo esqueleto fue encontrado en un aparcamiento de Leicester (ver el enlace para conocer el proceso que llevó a su descubrimiento). La impulsora de este proceso para encontrar a Ricardo III se ha ofrecido para poner en marcha un proyecto similar con los Príncipes de la Torre de Londres, pero de momento esa iniciativa tendrá que esperar.

Fuente| Matthew Lewis. The survival of the Princes in the Tower

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