Eduardo III de Inglaterra y el asalto al castillo de Nottingham (1330)

El castillo de Nottingham es muy conocido por los relatos relacionados con Robin Hood y el sheriff de Nottingham. Estos relatos no dejan de ser una interesante historia de ficción.

Sin embargo, en el castillo de Nottingham, dos siglos después de la leyenda de Robin Hood, tuvo lugar una historia real que es digna de las aventuras del legendario arquero.

En 1327 reinaba en Inglaterra Eduardo II, un rey débil que había puesto el gobierno en manos de sus favoritos Piers Galveston primero y Hugh Despenser después. La esposa de Eduardo II, Isabel de Francia, y el amante de esta Roger Mortimer encabezan una rebelión contra él y consiguen hacerle prisionero.

Pero qué hacer para que un rey preso acepte renunciar al trono no es una tarea fácil, y menos para la mentalidad del siglo XIV, con el aura de divinidad en su designación que acompaña a los monarcas. La única opción viable que quedaba era convencer a Eduardo II que fuera él mismo quien diera el paso de renunciar a la corona, abdicando y cediendo el trono a su hijo. El rey estaba preso en Kenilworth. Una delegación de 24 nobles y obispos fue enviada para tratar de convencerle de que abdicara en su hijo. Eduardo se negó, pero ante la amenaza de que sería depuesto y de que el rey elegido para sustituirle no llevaría la sangre de los Plantagenet, finalmente el 24 de enero de 1327 comunicó al país que abdicaba oficialmente en favor de su hijo, el adolescente Eduardo III, aunque el poder es ejercido por Mortimer  e Isabel.

Pero el depuesto rey sigue siendo una molestia, pues es un banderín de enganche para los descontentos con el nuevo gobierno. Finalmente Eduardo II muere en extrañas circunstancias  (ver enlace) y Mortimer va acumulando tierras y poder a costa del nuevo monarca y de la nobleza a la que elimina sistemáticamente.

Pero Eduardo III va creciendo y demuestra ser un digno descendiente de su abuelo Longshanks (el malo de Braveheart). En 1330 se juntan dos circunstancias. Varios amigos de Eduardo III son citados a declarar en Nottingham al sospecharse que podrían planear un complot contra Mortimer y se propaga el rumor de que la reina Isabel podría estar embarazada de su amante, lo que supondría una amenaza contra los derechos hereditarios de Eduardo III.

El rey decide pasar a la acción. Mortimer se cree a salvo de cualquier ataque atrincherado y fuertemente defendido en el castillo de Nottingham. Pero no cuenta con el vigilante del castillo, William Elam, aliado de Eduardo III y gran conocedor de los túneles de la fortaleza.

Elam desvela a un grupo de nobles de la confianza del rey, liderados por William Montagu la existencia de un túnel secreto que conduce desde el exterior del castillo hasta las estancias privadas de la reina.

El propio Elam se encarga de mantener abierto el acceso desde el túnel y el grupo liderado por Montagu detiene a Mortimer. Fue juzgado por el Parlamento, encontrado culpable de traición, de asesinar a Eduardo II y ejecutado.

Así comenzó el reinado del que probablemente fue el mejor rey de la dinastía Plantagenet… pero esa es otra historia.

Fuente| Peter Ackroyd: The history of England. Volume I: Foundations

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